- ¿Cómo era España en el siglo XI, en tiempos del Cid?
- ¿Quién fue el Cid?
- El Cantar de mío Cid
 
- El Cantar de mío Cid
- Una forma diferente de conocer España
- Una ruta medieval con el Cid como guía
- Las piedras hablan
- Pueblos pequeños, grandes territorios, historias inmortales
- Gastronomía, la puerta directa al corazón de España
 
- Más información
- Climatología
- Cómo llegar
- Cómo recorrer el Camino del Cid
- Alojamientos y servicios
turísticos
 
   
¿Cómo era España en el siglo XI, en tiempos del Cid?
  Tras la caída del imperio romano (siglo V dC), España fue ocupada por los visigodos, unos pueblos bárbaros procedentes del Norte de Europa. La debilidad de su gobierno posibilitó que en 711 entrara por el sur, procedente de África, un gran ejército de árabes y bereberes. Los árabes predicaban el Islam revelado por Mahoma (571-632) y se estaban extendiendo por el mundo.

Conquistaron rápidamente casi toda la Península (España y Portugal), a excepción de algunas zonas del norte; asimilaron cultural y religiosamente a los vencidos y fundaron su propio "principado": Al-Andalus. Al principio Al-Andalus era solo una provincia del Califato de Damasco (en Siria), pero en 929 se independizó, dando lugar al deslumbrante Califato de Córdoba.

A principios del siglo XI el califato se desintegró en pequeños principados musulmanes o taifas con poder militar decreciente. Los pequeños reinos y condados cristianos del Norte que no habían sido conquistados aprovecharon su debilidad para expandirse hacia el centro de la Península. Por entonces las fronteras cambiaban con facilidad y las alianzas entre cristianos y musulmanes eran tan frágiles como numerosas.

A finales del siglo XI el avance de los reinos cristianos se detuvo con la llegada de los almorávides, tribus bereberes procedentes del norte de África.
 
 
¿Quién fue el Cid?
  Rodrigo Díaz fue un caballero nacido en el incipiente reino de Castilla, en el norte de España. A pesar de ser un gran guerrero su indocilidad le valió el castigo de su rey, que le desterró. Expulsado de Castilla puso sus armas al servicio de los reyes musulmanes de la taifa de Zaragoza, hecho nada infrecuente entre caballeros cristianos. Después de muchas penalidades logró tener un ejército propio muy temido en el este España, en lo que hoy es la Comunidad Valenciana. En 1094 conquistó la ciudad de Valencia, una de las ciudades más emblemáticas de las taifas musulmanas.

Rodrigo Díaz es más conocido como el Cid Campeador. Son dos sobrenombres o apodos; Cid es de origen árabe y significa "señor": así le llamaban los musulmanes; Campeador proviene del latín (campidoctoris) y significa "maestro en el campo de batalla". Este apodo se lo pusieron los castellanos tras ganar varias lides o combates personales.
 
 
El Cantar de mío Cid
  El Cid murió en 1099 como príncipe de Valencia, pero su fama de guerrero invencible se propagó por los territorios cristianos fronterizos con los reinos musulmanes; la vida allí era dura y peligrosa, y esos colonos encontraron en el Cid un referente, un modelo a seguir: el de quien, a pesar de las penalidades, logra salir victorioso gracias a la fuerza de su espíritu y de su brazo.

Juglares y poetas cantaron las gestas del guerrero. Su manifestación más importante fue el Cantar de mío Cid, redactado a principios del siglo XIII, cien años después de su muerte. Este poema épico mezcla historia y leyenda para configurar el Cid mítico que ha llegado a nuestros días.

El Cantar es uno de los grandes poemas medievales europeos y la primera gran manifestación literaria del español (cuya lengua estaba "naciendo" en ese momento como una evolución del latín). Así, la leyenda del Cid no murió, sino que se multiplicó con otras manifestaciones y traspasó nuestras fronteras.

Desde su muerte, hace más de novecientos años, el mito del Cid no ha dejado de crecer dentro y fuera de España: obras pictóricas, escultóricas, o literarias; óperas y películas demuestran que el Cid es sin duda el héroe medieval hispánico por excelencia.
 
 
   
¿Qué es el Camino del Cid?
  El Cantar de mío Cid cuenta las aventuras del Cid desde que es desterrado hasta su muerte. Aunque sus versos mezclan la historia con la ficción, su fuerza narrativa es tan grande que durante mucho tiempo se pensó que lo que contaban había sucedido en realidad. Desde el siglo XIX muchos viajeros españoles y extranjeros cautivados por el mito comenzaron a recorrer los lugares que aparecen en el Cantar, creando así El Camino del Cid.

Hoy el Camino del Cid es una red de rutas turístico-culturales que suman más de 2.000 kilómetros, y que cruzan España desde Norte a Este, desde el corazón de Castilla hasta el mar Mediterráneo. Estas rutas pueden recorrerse a pie, en bicicleta, y en coche, aunque también son cada vez más los que lo realizan a caballo.

Este itinerario está gestionado por el Consorcio Camino del Cid, una entidad pública formada por administraciones locales españolas. Este Consorcio cuida de las infraestructuras del Camino y ofrece todo tipo de información a interesados.
 
 
Una forma diferente de conocer España
  El Camino comienza en Burgos, en el norte de España, y finaliza en la Comunidad Valenciana, al este del país, una región turística conocida por su clima y sus playas junto al mar Mediterráneo. A su paso, el Camino del Cid atraviesa numerosos pueblos y tranquilas ciudades muy diversos entre sí, caracterizados por conservar todavía las huellas de su pasado medieval y por una gran riqueza patrimonial, medioambiental y gastronómica. Viajar a estos lugares es una forma diferente de conocer España, su historia y sus costumbres.  
 
Una ruta medieval con el Cid como guía
  El Camino del Cid es en sí un poema hecho aire, piedra y agua, pues recorre los lugares citados en los versos del Cantar de mío Cid. Gracias al Camino podemos trasladarnos a aquella época y revivir las penalidades y las batallas del Campeador y sus gentes. Al mismo tiempo conoceremos la historia medieval de España: los reinos de Castilla y Aragón, las tierras de frontera, los valles fluviales. En realidad, no han cambiado tantas cosas desde entonces.  
 
Las piedras hablan
  Uno de los atractivos de este itinerario es su patrimonio. El viajero encontrará siete bienes declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, de los cuales cinco son materiales: la catedral de Burgos, las pinturas rupestres del Arco Mediterráneo, la Lonja de los Mercaderes de Valencia, la arquitectura mudéjar de Aragón y el Palmeral de Elche; estos dos últimos frutos de nuestro pasado islámico.

Pero además, hay treinta y nueve poblaciones declaradas conjunto histórico-artístico, una designación del gobierno español que distingue a lugares muy especiales por su valor histórico y o artístico, y que en general son localidades muy atractivas, singulares y proporcionadas, como por ejemplo Albarracín.

También dentro del itinerario se encuentran algunos de los grandes tesoros artísticos del país, como el claustro románico de Santo Domingo de Silos, aunque lo realmente importante es la historia que une todas esos lugares y la experiencia gratificante del viajero.
 
 
Pueblos pequeños, grandes territorios, historias inmortales
  El Camino del Cid es una oportunidad única para conocer España desde una perspectiva diferente, alejada de los tópicos.

Buena parte del itinerario discurre por poblaciones singulares de menos de 3.000 habitantes. Un buen número de estas localidades son lugares históricos, muy atractivos y tranquilos, y disponen de todo tipo de servicios turísticos. Algunas se hallan en extensos territorios naturales (el Camino atraviesa setenta espacios naturales protegidos). También hay varias ciudades de tamaño medio, como Castellón o Burgos (que rondan los 180.000 habitantes), y una gran ciudad, Valencia, para muchos el final del viaje, a orillas del Mediterráneo, que con casi 800.000 habitantes es una ciudad cosmopolita con numerosos atractivos turísticos.
 
 
Gastronomía, la puerta directa al corazón de España
  España es mundialmente celebrada por su gastronomía, y esta es producto de su historia. El Camino del Cid atraviesa cuatro comunidades autónomas -parecidas a regiones o estados- de España diferentes entre sí. En consecuencia, la riqueza y diversidad gastronómicas en el viaje resultan asombrosos.

A modo de ejemplo ahí están el cordero asado en Castilla, la riquísima gastronomía serrana con los productos derivados del cerdo y la de costa con su variedad de pescados mediterráneos; setas y hongos; los famosos "platos de cuchara" y desde luego los derivados del arroz, entre los que se encuentra la paella. Luego están sus exquisitos postres -algunos de origen islámico-, y todo ello regado con buen vino -algunos están considerados entre los mejores del mundo-.

En definitiva: el Camino del Cid es también una enriquecedora experiencia gastronómica.
 
 
   
Más información
  El Consorcio Camino del Cid es la entidad pública que avala este itinerario y se encarga de la promoción del Camino del Cid. Desde el Consorcio se atiende a todos los interesados, ya sean particulares, profesionales o empresas. Desde sus oficinas se informa sobre cualquier cuestión relativa al itinerario y se resuelven las dudas sobre la organización del viaje.

Para contactar con el Consorcio Camino del Cid:
 
  Página web: www.caminodelcid.org
Correo electrónico de contacto: info@caminodelcid.org
Dirección postal:
Consorcio Camino del Cid
C/ Madrid 24
09002 BURGOS (ESPAÑA)
Teléfono: 00 34 947 256 240
Boletín de noticias - newsletter: www.caminodelcid.es
Facebook: www.facebook.com/caminodelcid
Twitter: @caminodelcid
 
Climatología
  Aunque existen muchos contrastes climatológicos en el Camino del Cid, el mejor momento para recorrerlo es el comprendido entre los meses de abril y octubre. En estos meses las horas diarias de luz solar oscilan entre las 11 y las 15 horas. Las temperaturas medias suelen oscilar entre los 9 y los 24 grados celsius, aunque dependiendo de las zonas y coincidiendo con los meses de verano (de junio a septiembre) se rebasan con frecuencia los 30º. Aunque en los meses de abril, mayo, junio y octubre suele llover más, las precipitaciones no son muy intensas: no existe una estación de lluvias.  
 
Cómo llegar
  El Camino del Cid puede iniciarse desde muchos puntos distintos de la geografía española, aunque los más significativos son Burgos y Valencia.

- Cómo llegar a Burgos: se encuentra a 240 km de Madrid. Se accede mediante coche, autobús público y tren.

- Cómo llegar a Valencia: en vuelo desde México al aeropuerto internacional de Valencia. Desde Barcelona (a 350 km), en avión, tren, autobús o vehículo propio.
 
 
 
Cómo recorrer el Camino del Cid
  El Camino del Cid es un itinerario muy largo, por lo que está dividido en rutas temáticas enlazadas entre sí que oscilan entre los 50 y los 300 km. Cada ruta tiene un nombre que la identifica y sus propias características. Lo normal es que los viajeros de larga distancia realicen varias de estas rutas.

Existen dos plataformas sobre las que realizar las rutas del Camino del Cid:

- Carreteras: carreteras en general con poco tráfico que atraviesan territorios poco masificados con valor medioambiental. Estas carreteras son idóneas para vehículos a motor y para los cicloturistas.

- Senderos: El Camino del Cid está compuesto por 1.400 kilómetros de senderos. Estas rutas de senderos de tierra y caminos de monte son seguidos por senderistas y por ciclistas de BTT (bicicletas todo terreno o de montaña), y en ocasiones por jinetes y caballistas.

Las diversas rutas aparecen en la página web del Consorcio Camino del Cid: www.caminodelcid.org

Opción coche de alquiler: muchos viajeros de fuera de España utilizan la opción de alquilar un coche. Además de los requisitos legales, aconsejamos que el vehículo disponga de GPS. En general las carreteras se encuentran en buen estado y no tienen un elevado tráfico, por lo que la experiencia de la conducción puede ser muy placentera.
 
 
Alojamientos y servicios turísticos
  La realidad del Camino del Cid es muy diversa: desde pueblos de un único habitante a los 800.000 ciudadanos de Valencia. Dentro del itinerario hay una amplia oferta de servicios turísticos: alojamientos, restaurantes, balnearios, empresas de turismo activo y actividades en la Naturaleza, etc.

La gama de restaurantes es muy variada: los menús diarios suelen oscilar entre los 150 y los 350 pesos mexicanos; la comida a la carta siempre es más cara y oscila aproximadamente entre los 250 y los 1.800 pesos. Lo mismo sucede con los alojamientos: desde albergues de 130 pesos hasta hoteles selectos que pueden alcanzar y superar los 3.000 pesos mexicanos.

Para los más sibaritas, existe la posibilidad de dormir en edificios históricos, desde castillos del siglo X a palacios del siglo XVIII. Para más información sobre esta opción haz click (pulsa) aquí.
 
 
  OFICINA ESPAÑOLA DE TURISMO EN MÉXICO
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